¿Quién escribe el destino? ¿Somos marionetas del destino? ¿O controlamos nuestras vidas? Cada día avanzamos en nuestra vida, inocientemente, mientras la trama se va entrelazando, mientras el destino se va configurando. Podemos cambiarlo, pero tarde o temprano, el destino viene a buscarnos. El destino es como un ejército de hormigas laboriosas. Miles de hormiguitas haciendo su parte del trabajo. Uno cree que controla su vida, pero el destino lentamente se va configurando. Una serie de circunstancias, decisiones y casualidades van construyendo el destino. Cabos sueltos, detalles ínfinitos, imprevistos. El destino es una gran chef que mezcla los ingredientes preparando el plato que tiene para nosotros. Es una maquinaria precisa y minuciosa que va reuniendo todas las piezas. Dormimos, amamos, trabajamos o cantamos ajenos a los que el destino escribió para nosotros. ¿Quien escribe el destino? ¿Nosotros? ¿Alguien? ¿Un dios? ¿Varios? ¿Nadie? ¿Todo es azaroso? Nos sentimos artífices, alquimistas. Nos creemos dioses poderosos e invencibles, y solo somos marionetas del destino. En el lugar menos pensado, de una manera imposible de imaginar, todo se va armando. Avanzamos inconscientemente mientras la trama se va entrelazando de forma misteriosa, un mecanismo de relojería asido por el destino. Aunque corramos en la dirección contraria no se puede escapar, porque no somos nosotros lo que vamos hacia el destino, sino este el que viene a buscarnos tarde o temprano. El destino es como un señor muy viejo y sabio, es un profesional de todas las profesiones. El destino a veces es realista, urde y entrelaza la trama con pericia. Como buen guionista pone personajes en el momento y en el lugar indicado que permite que la acción avance hacia donde él quiere que avance. Así escribe el destino, dando giros a la historia permanentemente. El destino es un gran ingeniero. Hace grandes construcciones, joyas de ingeniería. Con paciencia milenaria construye castillos inmensos. Cuida cada detalle, encaja las piezas con precisión, pero, el destino construye sus castillos con cartas de mesa. Una mala movida, una sola carta que se saque y el castillo colapsa. El destino es estratega. Mueve las fichas, despliega sus tropas en el campo de batalla y sabe cómo dar su golpe certero. El destino es como un superhéroe con poderes ilimitados, puede todo. Puede con todo. Pero como todo superhéroe tiene una debilidad, y la debilidad del destino, son las acciones humanas. Eso, es lo único que puede cambiarlo como una simple piedrita verde puede debilitar a Superman, lo único que puede cambiar el destino, son las acciones humanas. Las acciones y decisiones acertadas podrán cambiar el destino, o ir finalmente a su encuentro, pero en definitiva, lo que deba ser, será.
lunes, 14 de septiembre de 2009
¿Quién escribe el destino? ¿Somos marionetas del destino? ¿O controlamos nuestras vidas? Cada día avanzamos en nuestra vida, inocientemente, mientras la trama se va entrelazando, mientras el destino se va configurando. Podemos cambiarlo, pero tarde o temprano, el destino viene a buscarnos. El destino es como un ejército de hormigas laboriosas. Miles de hormiguitas haciendo su parte del trabajo. Uno cree que controla su vida, pero el destino lentamente se va configurando. Una serie de circunstancias, decisiones y casualidades van construyendo el destino. Cabos sueltos, detalles ínfinitos, imprevistos. El destino es una gran chef que mezcla los ingredientes preparando el plato que tiene para nosotros. Es una maquinaria precisa y minuciosa que va reuniendo todas las piezas. Dormimos, amamos, trabajamos o cantamos ajenos a los que el destino escribió para nosotros. ¿Quien escribe el destino? ¿Nosotros? ¿Alguien? ¿Un dios? ¿Varios? ¿Nadie? ¿Todo es azaroso? Nos sentimos artífices, alquimistas. Nos creemos dioses poderosos e invencibles, y solo somos marionetas del destino. En el lugar menos pensado, de una manera imposible de imaginar, todo se va armando. Avanzamos inconscientemente mientras la trama se va entrelazando de forma misteriosa, un mecanismo de relojería asido por el destino. Aunque corramos en la dirección contraria no se puede escapar, porque no somos nosotros lo que vamos hacia el destino, sino este el que viene a buscarnos tarde o temprano. El destino es como un señor muy viejo y sabio, es un profesional de todas las profesiones. El destino a veces es realista, urde y entrelaza la trama con pericia. Como buen guionista pone personajes en el momento y en el lugar indicado que permite que la acción avance hacia donde él quiere que avance. Así escribe el destino, dando giros a la historia permanentemente. El destino es un gran ingeniero. Hace grandes construcciones, joyas de ingeniería. Con paciencia milenaria construye castillos inmensos. Cuida cada detalle, encaja las piezas con precisión, pero, el destino construye sus castillos con cartas de mesa. Una mala movida, una sola carta que se saque y el castillo colapsa. El destino es estratega. Mueve las fichas, despliega sus tropas en el campo de batalla y sabe cómo dar su golpe certero. El destino es como un superhéroe con poderes ilimitados, puede todo. Puede con todo. Pero como todo superhéroe tiene una debilidad, y la debilidad del destino, son las acciones humanas. Eso, es lo único que puede cambiarlo como una simple piedrita verde puede debilitar a Superman, lo único que puede cambiar el destino, son las acciones humanas. Las acciones y decisiones acertadas podrán cambiar el destino, o ir finalmente a su encuentro, pero en definitiva, lo que deba ser, será.
Un padre es mucho más importante de lo que uno piensa, porque las palabras de un padre, su mirada, viven en nosotros. Es como que los padres te dan una caja de herramientas, si vos tenés un problema metes mano en esa caja y sacas la herramienta que necesitas para arreglarlo. Pero cuando el padre faltó o falló tenés un problema, metes la mano en la caja y no hay nada, estás perdido. Sin esas herramientas es como que estás desnudo, sin armas para enfrentar la vida. Porque un padre nos da eso, nos da armas para pararnos, para pelear por un lugar. Y cuando dejas de pelearla te morís, te caes, te vas. Lo que te mantiene vivo no es ganar sino pelear. La pelea perdida es la que no se peleó. Camarón que se duerme se lo lleva la corriente. No está muerto quien pelea. Tal vez te cruzaron un cross de derecha, te hicieron besar la lona, sangrar, llorar, pero hay que seguir peleándola hasta el final. La única forma de aprender a pelear es peleando, es no rendirse jamás. Rendirse es mirar la pelea desde afuera, ver como otro pelea esa pelea que es nuestra. Pelearla hasta el final, hasta el último round. Pocas cosas me enseño mi viejo, pero grosas. Me enseñó que el ring nunca se abandona, nunca se tira la toalla, y se pelea con garra hasta el último round.

Venía a verte aunque estuviera afligida,cogiste el camino de la separación y tu no sabes como eso afecta a mi corazón, Dios mío ayúdame y nunca permitas que mi alma se destroce con está visita mi hombre no me escucha estando ahí acostado no me mira no me abrasa no me dice nada, culpa tengo yo por no cumplir con mis promesas haciéndote pasar muchos días de tristeza porque no me di cuenta que yo actuaba muy mal, ahora el remordimiento me quiere matar. Donde quiera que me paro las lenguas me persiguen cuando formo mi relajo y así sucesivamente pude perder, la gente habla sin parar si tan siquiera saber, pero ya es tarde ya escogiste tu decisión me abandonaste y así cumpliste con tu misión pero yo lucho para que aunque sea pueda sentir y se muy bien que es imposible pero voy a seguir, mis sentimientos hoy se inclinan a tu vida mañana buscare un camino a la salida pues esto me encierra en un circulo vicioso que me aparta de lo que pudo ser tan hermoso. Recuerdo cuando te entregaste a mi, recuerdo como me aferraba yo a ti, recuerdo los dos soñando en una noche de pasión, no me escuchas no me miras se remuerde mi corazón. Te noto bien pálido no eres el mismo te falta la sonrisa que dibuja tu carisma te siento muy frío, tus labios resecos, inútil te vez y sin faltar te respeto pero eso no importa, te amo como eres y nunca sentiré lo mismo con otros hombres, dios me creo para quererte a ti, yo maldigo el momento en que te perdí, y esta perdida es indudablemente eterna quisiera inventarme una luz moderna que alumbrara el camino de la felicidad porque sinceramente no acepto la realidad, un ser humano no es capaz de aguantar este peso yo sufro me remuerdo y lloro en exceso si crees que exagero pues lo hago por ti porque demuestro lo que tu significas para mi.
Me dejaste en la ruina
no en la ruina material;
ahora tengo un problema,
un problema mental.
sos una perra
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ Guuuaaaauuu !!!!!!!!!!!
Me tuviste tanto tiempo
pusiste dulce en mi boca,
yo me estaba prendiendo fuego
y vos no me ibas a apagar no!!!!!!!!!!!!!!!
sos una perra
siempre fuiste una gran perra mi amor
siempre fuiste la más perra.
Pusiste clavos a mis zapatos
no me dejabas ver el sol,
no me gusta que me grites, nena;
por qué no te buscás otro novio
si sos una perra.
no en la ruina material;
ahora tengo un problema,
un problema mental.
sos una perra
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ Guuuaaaauuu !!!!!!!!!!!
Me tuviste tanto tiempo
pusiste dulce en mi boca,
yo me estaba prendiendo fuego
y vos no me ibas a apagar no!!!!!!!!!!!!!!!
sos una perra
siempre fuiste una gran perra mi amor
siempre fuiste la más perra.
Pusiste clavos a mis zapatos
no me dejabas ver el sol,
no me gusta que me grites, nena;
por qué no te buscás otro novio
si sos una perra.
Quizás debas mirar, debas juzgar, debas perdonar.
Quizás,
lo has hecho todo bien.
Quizás,
cada quien tiene lo que merece.
Quizás,
solo tengo lágrimas porque mis promesas murieron con el tiempo.
Quizás,
tu te equivocas.
Quizás,
te escribo porque no me encuentro o no te encuentro,
o no nos encontramos.
Quizás,
te extraño, o me extraño, o tal vez me siento extraña sin vos.
Quizás,
estoy jugando con mis sentimientos,
o mis sentimientos estan jugando con mis palabras,
o las palabras nacen de los sentimientos,
o los sentimientos murieron en palabras.
Quizás,
me estoy equivocando,
quizás
no estoy pensando, o pienso demasiado,
o todo esto es demasiado.
Quizás,
deba dedicarme a otra cosa.
Quizás,
deba dedicarme a mi, o a ti, o a escribir, o
a callar, o a dormir.
Quizás,
no deba nombrarte más.
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